Un cuerpo que nunca conoció la saciedad
En el París del siglo XVIII, antes de que existiera la endocrinología o la neurología moderna, los médicos se enfrentaron a un caso que desafiaba toda comprensión humana. Tarrare no era un mito ni un espectáculo de feria: era un paciente documentado que comía sin límite, sin engordar y sin detenerse, como si su cuerpo estuviera desconectado del concepto mismo de saciedad.

Contexto histórico y médico: la ciencia antes del diagnóstico
Tarrare nació en Francia en 1772, en una época donde la medicina aún carecía de conceptos como metabolismo, hormonas o control neurológico del hambre. Su condición fue observada inicialmente como una curiosidad, pero rápidamente se convirtió en un problema clínico grave. A los 17 años, podía ingerir su propio peso en carne de buey en un solo día y, aun así, mantenía un peso corporal de apenas 45 kilogramos.
El escenario físico: un cuerpo anatómicamente imposible
Los médicos describieron un cuerpo delgado hasta lo cadavérico, con una piel extremadamente flácida que colgaba tras cada comida. Su abdomen podía distenderse hasta proporciones grotescas y luego retraerse por completo. El olor corporal era tan intenso que resultaba difícil permanecer cerca de él, incluso después de bañarse, lo que reforzaba la percepción de que su metabolismo funcionaba de manera anormal.

Observación clínica directa: comer frente a los médicos
Bajo la supervisión del Dr. Pierre-François Percy en el hospital militar de Soultz, Tarrare fue observado en condiciones controladas. Frente a médicos y oficiales, devoró comidas destinadas a quince personas, engulló animales vivos —gatos, anguilas, lagartos— y tragó objetos no comestibles sin mostrar vómitos, dolor ni signos de obstrucción digestiva.
El momento crítico: de paciente a experimento militar
El general Alexandre de Beauharnais intentó convertir su anomalía en una ventaja estratégica. Tarrare fue obligado a tragar una caja de madera con documentos secretos para actuar como mensajero encubierto. El experimento fracasó: fue capturado por fuerzas prusianas, golpeado y liberado tras comprobarse que no llevaba mensajes visibles.

Caída, sospecha y expulsión
De regreso al hospital, la situación degeneró rápidamente. Tarrare fue sorprendido intentando consumir cadáveres en la morgue, y tras la desaparición de un bebé de 14 meses, fue acusado informalmente de canibalismo. Aunque nunca se probó legalmente, el personal médico decidió expulsarlo de inmediato por considerarlo un peligro.
Autopsia y legado médico
Tarrare murió en 1798 en Versalles por tuberculosis exudativa. La autopsia reveló un esófago tan dilatado que permitía ver el estómago directamente al abrir la boca, un hígado desproporcionado y un tracto digestivo cubierto de úlceras. La descomposición fue tan rápida que impidió estudios más profundos.
Conclusión: cuando el cuerpo rompe las reglas
Hoy, el caso de Tarrare es citado en estudios de endocrinología y neurología como el ejemplo más extremo de polifagia jamás documentado. Más allá del morbo, su historia revela los límites del cuerpo humano y recuerda que la medicina avanza no solo con respuestas, sino enfrentándose a anomalías que obligan a replantear lo que creemos entender sobre la biología.