Consta en actas de laboratorio del Hospital St. Mary (Londres, 1928), en publicaciones clínicas británicas entre 1929 y 1941 y en informes médicos aliados de la Segunda Guerra Mundial.
Los hechos son verificables, están documentados y no dependen de interpretación: en 1928 se identificó una sustancia capaz de matar bacterias sin destruir tejido humano. Todo lo que vino después fue consecuencia directa de esa observación.
Contexto técnico e histórico: la medicina antes de la penicilina
Antes de los antibióticos, la principal causa de muerte hospitalaria eran las infecciones bacterianas. La neumonía superaba el 30 % de mortalidad, la septicemia era casi siempre fatal y una herida infectada podía justificar una amputación inmediata. La medicina podía diagnosticar, pero no intervenir.
En este escenario trabajaba Alexander Fleming, bacteriólogo escocés del Hospital St. Mary de Londres, especializado en Staphylococcus y con experiencia previa en agentes antimicrobianos naturales.
Escenario físico documentado: laboratorio del Hospital St. Mary

El laboratorio estaba ubicado en un edificio con circulación de aire entre pisos. Fleming dejó placas de Petri con cultivos de Staphylococcus aureus sin esterilizar durante un periodo vacacional. Una espora fúngica ingresó por vía aérea y contaminó una de ellas.
Desarrollo cronológico del hallazgo
Al regresar en septiembre de 1928, Fleming observó un moho azul verdoso, luego identificado como Penicillium notatum. Lo determinante no fue su presencia, sino el halo de inhibición bacteriana circundante: una zona limpia donde las bacterias habían sido destruidas.
Fleming concluyó que el hongo secretaba una sustancia soluble con efecto bactericida. Publicó el hallazgo en 1929, describiendo tanto el potencial clínico como las limitaciones técnicas: inestabilidad química y dificultad de purificación.
Momento crítico: el casi abandono
Durante casi diez años, la penicilina no tuvo aplicación clínica. No por falta de efecto, sino por incapacidad tecnológica. Fleming no era químico y la comunidad científica priorizó otras líneas de investigación más inmediatas.
La decisión implícita fue clara: archivar el hallazgo. El descubrimiento sobrevivió únicamente porque quedó publicado.
Intervención decisiva: Oxford y la guerra

En 1939, Howard Florey y Ernst Boris Chain retomaron el trabajo en la Universidad de Oxford. Lograron aislar la penicilina y demostrar su eficacia en modelos animales y humanos bajo condiciones controladas.
El primer paciente tratado, el policía Albert Alexander, mostró mejoría sistémica en menos de 24 horas. La escasez del fármaco impidió completar el tratamiento. El paciente murió, pero el principio quedó probado sin discusión científica posible.
La producción masiva se trasladó a Estados Unidos. En Peoria, Illinois, se identificó una cepa de Penicillium procedente de un melón que multiplicaba la producción hasta 200 veces. Para el desembarco de Normandía en 1944, la penicilina era estándar médico militar.
Consecuencias medibles
La mortalidad por infecciones bacterianas cayó de forma abrupta. La cirugía moderna, los trasplantes y la quimioterapia se volvieron viables. Desde su introducción, los antibióticos derivados han salvado una cifra estimada superior a 200 millones de vidas.
En 1945, Fleming, Florey y Chain recibieron el Premio Nobel de Medicina. Fleming nunca patentó la penicilina ni obtuvo beneficio económico directo.
Impacto cultural y advertencia documentada
En su discurso Nobel, Fleming advirtió que el uso incorrecto de antibióticos generaría resistencia bacteriana. La advertencia no fue filosófica: fue microbiológica.
Décadas después, esa resistencia constituye una de las mayores amenazas sanitarias globales, reconocida por sistemas de salud y organismos internacionales.
Conclusión
El descubrimiento de la penicilina no fue un accidente romántico ni un mito científico. Fue un hecho técnico observado a tiempo, ignorado durante años y rescatado por necesidad bélica.
La penicilina no cambió la medicina. Cambió el umbral de muerte aceptable. Ese estándar sigue vigente, y su incumplimiento hoy no puede alegar ignorancia.
