No hubo disparos. No hubo muertos. No hubo memoria colectiva del conflicto. Y, sin embargo, durante 335 años, dos entidades políticas estuvieron legalmente en guerra. No por violencia, sino por omisión.
Apertura editorial — Un conflicto que existió solo en el papel
La llamada Guerra de los 335 Años no fue una guerra en el sentido bélico tradicional, sino una anomalía jurídica sostenida por el derecho internacional temprano, la fragmentación del poder soberano y el olvido administrativo. Declarada en 1651 y concluida en 1986, representa el caso más extremo documentado de disociación entre realidad histórica y estado legal.
Contexto técnico e histórico
El origen del conflicto se sitúa en la Segunda Guerra Civil Inglesa (1648–1651), una fase del enfrentamiento entre realistas, leales al rey Carlos I, y las fuerzas parlamentarias lideradas por Oliver Cromwell. Tras la ejecución del monarca en 1649, los últimos restos de la flota realista se refugiaron en las Islas Sorlingas (Scilly Isles), un archipiélago frente a la costa suroeste de Inglaterra.
Desde ese enclave, los realistas atacaron sistemáticamente barcos mercantes neerlandeses. Los Países Bajos, aliados de Cromwell, exigieron compensaciones económicas que nunca llegaron. En respuesta, el almirante Maarten Tromp emitió una declaración formal de guerra en 1651, dirigida específicamente contra las Islas Sorlingas, no contra Inglaterra como estado soberano.
Escenario físico — Las Islas Sorlingas como enclave estratégico

Las Islas Sorlingas carecían de soberanía independiente. Administrativamente dependían de Inglaterra, pero operaban como un enclave militar autónomo bajo control realista. Esta ambigüedad territorial permitió que la declaración neerlandesa se dirigiera contra un territorio sin capacidad diplomática propia, creando una guerra sin contraparte formal para firmar la paz.
Desarrollo cronológico — Una guerra que nadie continuó
Pocas semanas después de la declaración, la flota realista se rindió a las fuerzas parlamentarias británicas. La amenaza que motivó la guerra desapareció de inmediato. La marina neerlandesa se retiró sin enfrentamientos y sin registrar bajas. Sin embargo, nunca se redactó ni firmó un tratado de paz específico con las islas.
A partir de ese momento, el conflicto entró en un estado de latencia absoluta. No hubo hostilidades, reclamaciones ni recordatorios diplomáticos. Durante más de tres siglos, generaciones completas vivieron bajo un estado de guerra técnicamente activo sin que ninguna de las partes fuera consciente de ello.
Momento crítico — El redescubrimiento del error
En 1985, Roy Duncan, historiador y presidente del Consejo de las Islas Sorlingas, decidió investigar una referencia anecdótica que mencionaba un antiguo estado de guerra con los Países Bajos. Al contactar con la embajada neerlandesa en Londres, recibió una confirmación inesperada: no existía registro alguno de un tratado de paz.
Archivo histórico — Verificación institucional
La Embajada del Reino de los Países Bajos confirmó que, desde el punto de vista del derecho internacional, la declaración de 1651 nunca había sido anulada. El conflicto seguía siendo válido en términos jurídicos, aunque completamente inoperante en la práctica.
Resolución — El tratado más tardío de la historia
El 17 de abril de 1986, el embajador neerlandés Rein Huydecoper viajó oficialmente a las Islas Sorlingas. En una ceremonia formal, ambas partes firmaron el tratado de paz que ponía fin a 335 años de guerra. Durante el acto, el embajador bromeó sobre lo inquietante que debió de ser para los isleños vivir siglos bajo una amenaza legal desconocida.
Consecuencias — Un conflicto sin víctimas, pero no sin lecciones
La Guerra de los 335 Años no produjo muertos, heridos ni gastos militares. Su impacto no fue físico, sino conceptual. Demostró que el derecho internacional puede sostener ficciones legales indefinidamente cuando nadie asume la responsabilidad de cerrarlas.
Impacto cultural y jurídico
Este episodio se ha convertido en un caso de estudio citado en análisis de derecho internacional, historia diplomática y burocracia estatal. Es un ejemplo extremo de cómo los estados modernos heredaron estructuras legales incapaces de corregirse sin intervención humana consciente.
Conclusión adulta — Cuando la historia no termina, se oxida
La Guerra de los 335 Años no fue un error menor, sino una advertencia silenciosa: los conflictos no desaparecen cuando dejan de importar, sino cuando alguien se responsabiliza de cerrarlos. Entre 1651 y 1986 no hubo guerra real, pero sí una ausencia prolongada de memoria institucional.
La violencia no fue necesaria. Bastó el olvido para sostener una guerra durante tres siglos.
