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Historias Reales

La Batalla del Castillo Itter: El día que alemanes y americanos lucharon juntos

El combate más extraño de 1945 donde la Wehrmacht y el Ejército de EE. UU. se unieron contra las Waffen-SS.

El último eco del Tercer Reich en los Alpes

En la primavera de 1945, el Tercer Reich no estaba colapsando: estaba desintegrándose. Las cadenas de mando se habían roto, las órdenes se contradecían y, en muchos lugares, la ideología había quedado reducida a fanatismo puro. En ese contexto extremo, el Castillo Itter —una fortaleza medieval del siglo XIII en el Tirol austríaco— se convirtió en el escenario de una anomalía histórica absoluta: la única batalla documentada donde soldados estadounidenses y alemanes combatieron juntos como aliados tácticos.

Vista del Castillo Itter en los Alpes austríacos
El Castillo Itter, aislado en los Alpes, fue una prisión VIP y luego una fortaleza improvisada.

Una prisión de lujo en un Reich moribundo

Desde 1943, el Castillo Itter funcionaba como una subprisión del campo de concentración de Dachau. Pero no era un campo común: alojaba a rehenes de altísimo valor simbólico. Antiguos primeros ministros franceses como Paul Reynaud y Édouard Daladier, el general Maurice Gamelin, la hermana de Charles de Gaulle y figuras culturales como el campeón de tenis Jean Borotra. Eran monedas políticas, no prisioneros ordinarios.

A inicios de mayo de 1945, las SS recibieron órdenes claras: ante la inminente llegada de los Aliados, los prisioneros debían ser ejecutados para evitar su liberación. No se trataba de estrategia militar. Era venganza ideológica.

Josef Gangl: el oficial que cruzó la línea moral

El mayor Josef Gangl, oficial de la Wehrmacht, había comprendido que la guerra estaba perdida. Pero más importante aún: entendió que seguir luchando por el régimen nazi ya no tenía sentido moral. En lugar de retirarse o rendirse, tomó una decisión excepcional: proteger a civiles y prisioneros franceses del fanatismo de las Waffen-SS.

Gangl se unió a la resistencia austríaca local y buscó contacto con las fuerzas estadounidenses que avanzaban desde el oeste. No pidió rendición. Pidió cooperación.

Mayor Josef Gangl, oficial de la Wehrmacht
Josef Gangl, recordado en Austria como un héroe de la resistencia antinazi.

El improbable pacto con el Ejército de EE. UU.

El capitán John “Jack” Lee Jr., del 23.º Batallón de Tanques de la 12.ª División Blindada estadounidense, aceptó una misión que desafiaba toda doctrina militar: cooperar con soldados alemanes contra una unidad de las SS. No había tratados, no había órdenes superiores. Solo una evaluación fría de la situación: si las SS atacaban, todos morirían.

Catorce soldados estadounidenses, diez soldados alemanes de la Wehrmacht y un solo tanque Sherman —apodado “Besotten Jenny”— se atrincheraron en el castillo. La defensa estaba condenada en términos clásicos. Pero no en términos humanos.

La ciencia del combate improvisado

Desde un punto de vista militar, la defensa del Castillo Itter fue un ejemplo extremo de guerra asimétrica. Las Waffen-SS contaban con superioridad numérica, armas automáticas y cañones antitanque de 88 mm. Los defensores dependían de posiciones elevadas, campos de tiro limitados y una logística mínima.

El tanque Sherman fue utilizado como un búnker fijo en la entrada del castillo, maximizando su blindaje frontal y limitando los ángulos de ataque. Esta decisión, aunque efectiva al inicio, lo convirtió en un objetivo predecible.

Tanque Sherman en el Castillo Itter
El Sherman “Besotten Jenny” actuó como fortaleza móvil hasta ser destruido.

Cuando los prisioneros tomaron las armas

A medida que la batalla se intensificaba, ocurrió algo impensable: los prisioneros franceses, muchos de ellos ancianos y sin entrenamiento militar reciente, tomaron fusiles y posiciones defensivas. Jean Borotra incluso se ofreció como mensajero, saltando muros bajo fuego enemigo para buscar refuerzos.

La línea entre prisionero y soldado desapareció. El castillo dejó de ser una cárcel y se convirtió en una comunidad armada por la supervivencia.

El punto de quiebre: la muerte de Gangl

Durante el asalto final, un francotirador de las Waffen-SS disparó contra el interior del castillo. Gangl se lanzó instintivamente para proteger a Paul Reynaud. El disparo lo mató al instante. Fue una muerte sin gloria militar, pero con un peso simbólico inmenso: un oficial alemán muriendo para salvar a un líder político enemigo.

No fue una alianza política. Fue una alianza moral.

El desenlace y la retirada de las SS

Con las municiones casi agotadas y el Sherman destruido por un cañón de 88 mm, la defensa estaba al borde del colapso. En ese momento crítico, unidades estadounidenses de refuerzo llegaron al valle. Las Waffen-SS, enfrentadas a una fuerza superior y sin apoyo, se retiraron o se rindieron.

La batalla había durado apenas unas horas, pero su significado histórico supera al de muchas campañas enteras.

Por qué Itter importa hoy

La Batalla del Castillo Itter demuestra que incluso dentro de estructuras criminales pueden surgir decisiones humanas. No redime a la Wehrmacht como institución, pero sí recuerda que la historia no es binaria. En el colapso del nazismo, algunos eligieron desobedecer, proteger y morir por otros.

Itter no es solo una rareza militar. Es una grieta moral en la narrativa de la guerra total. Un recordatorio de que, incluso en el peor sistema, la elección individual sigue existiendo.

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