Cuando la risa se convirtió en una enfermedad
En enero de 1962, en la localidad de Kashasha, a orillas del lago Victoria, ocurrió uno de los episodios más desconcertantes jamás registrados por la medicina y la psicología social. En un internado femenino de Tanganica, decenas de estudiantes comenzaron a reír de forma incontrolable, sin causa aparente y sin capacidad de detenerse.
Lo que inicialmente pareció una anécdota escolar evolucionó en cuestión de semanas hacia un fenómeno regional que afectó a cientos de personas, obligó al cierre de múltiples escuelas y desafió los modelos médicos tradicionales de enfermedad.

El inicio: un brote sin patógeno
El episodio comenzó con tres alumnas adolescentes que presentaron ataques repentinos de risa compulsiva. En cuestión de días, 95 de las 159 estudiantes del internado manifestaban síntomas similares: risa prolongada, llanto, agitación, episodios de ansiedad y, en algunos casos, desmayos.
Los ataques no expresaban alegría. Las estudiantes describían una sensación de pérdida total de control, agotamiento extremo y angustia física tras episodios que podían durar horas o incluso días.

Expansión comunitaria: cuando el fenómeno salió de la escuela
Ante la imposibilidad de continuar las clases, el internado fue cerrado y las estudiantes regresaron a sus aldeas. Lejos de extinguirse, el fenómeno se propagó. Nuevos brotes aparecieron en comunidades cercanas y en otras escuelas, afectando principalmente a niños y jóvenes.
En total, al menos 14 escuelas cerraron temporalmente. Los ataques se manifestaban de forma intermitente y podían reaparecer semanas después, generando una sensación de incertidumbre y alarma social.

Investigación médica: ausencia total de causa biológica
Médicos locales y autoridades sanitarias realizaron exámenes clínicos exhaustivos. Se descartaron infecciones virales, intoxicaciones alimentarias y exposición a toxinas ambientales. No se identificó ningún agente biológico común entre los afectados.
Los síntomas, sin embargo, eran reales y físicamente medibles: hiperventilación, dolor abdominal, erupciones cutáneas, fatiga extrema y alteraciones del ritmo cardíaco.
La explicación moderna: enfermedad psicogénica masiva
Investigaciones posteriores clasificaron el evento como un caso paradigmático de Enfermedad Psicogénica Masiva (EPM). Este tipo de fenómeno ocurre cuando el estrés psicológico colectivo se manifiesta en síntomas físicos reales, sin una causa orgánica identificable.
En el caso de Tanganica, los factores de estrés eran profundos: un sistema educativo estricto heredado del periodo colonial, altas expectativas académicas y un contexto político inestable tras la reciente independencia del país en 1961.
Los síntomas no eran imaginarios; eran expresiones físicas genuinas de una tensión social compartida.
Duración y desaparición del fenómeno
La epidemia persistió de forma intermitente durante aproximadamente 18 meses. Se estima que más de 1,000 personas se vieron afectadas directa o indirectamente. Gradualmente, sin intervención médica específica, los brotes disminuyeron y finalmente desaparecieron.
No se registraron muertes ni secuelas físicas permanentes. Sin embargo, el impacto social y psicológico fue profundo, alterando durante años la percepción local sobre la educación y la salud mental.
Impacto científico y legado psicológico
La epidemia de risa de Tanganica se convirtió en un caso de estudio fundamental para la psicología de masas, la psiquiatría transcultural y la sociología médica. Demostró que el estrés colectivo puede propagarse con la misma eficacia que una enfermedad infecciosa.
Hoy se cita como ejemplo clásico de cómo el contexto cultural, político y social influye en la expresión de los trastornos mentales colectivos.
Conclusión
La epidemia de risa de 1962 no fue un episodio de humor ni una curiosidad folclórica. Fue una señal de alarma sobre la capacidad del estrés social para romper el equilibrio entre mente y cuerpo. En Tanganica, la risa reveló una verdad incómoda: cuando una sociedad no encuentra vías para procesar la presión, el cuerpo colectivo termina hablando por ella.
