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Historias Reales

La Señal 'Wow!': El enigma radioastronómico de 1977

El día en que el telescopio Big Ear captó una transmisión del espacio profundo que aún desafía las explicaciones.

Una única detección. Setenta y dos segundos. Ninguna repetición. En ciencia, eso suele ser ruido. En 1977, fue una anomalía tan precisa que todavía no ha podido ser descartada.

La Señal Wow! no es célebre por lo que probó, sino por lo que aún resiste: todas las explicaciones convencionales conocidas. Casi medio siglo después, sigue siendo el evento radioastronómico más desconcertante jamás registrado.

Contexto científico: la búsqueda de señales no naturales

Desde mediados del siglo XX, la radioastronomía se convirtió en la herramienta principal para detectar fenómenos cósmicos invisibles al espectro óptico. En ese marco nació SETI (Search for Extraterrestrial Intelligence), un conjunto de programas dedicados a identificar señales artificiales provenientes del espacio profundo. El criterio era claro: una señal artificial debía ser de banda estrecha, estable, localizada y coherente con las leyes conocidas de propagación electromagnética.

Proyecto de la nasa llamada grandes oidos
Proyecto de la nasa llamada 'Grandes oidos', series de antenas de radio muy poderosas que se dedican a captar señales del universo.

El radiotelescopio Big Ear, operado por la Universidad Estatal de Ohio, fue diseñado para cartografiar emisiones de radio a gran escala. No rastreaba objetivos móviles: el cielo pasaba por encima de él debido a la rotación terrestre, permitiendo detectar fuentes fijas durante un máximo de 72 segundos.

El escenario físico: Big Ear y la franja del hidrógeno

Radiotelescopio Big Ear de la Universidad Estatal de Ohio en los años 70
El radiotelescopio Big Ear utilizaba dos lóbulos de recepción fijos que barrían el cielo con la rotación de la Tierra, limitando cualquier detección puntual a 72 segundos.

Big Ear estaba sintonizado, entre otras frecuencias, en torno a los 1420,40575 MHz: la llamada línea del hidrógeno neutro. Esta frecuencia es considerada universal, ya que el hidrógeno es el elemento más abundante del universo y su emisión es reconocible por cualquier civilización con radioastronomía básica.

Por convención científica, esta franja es un lugar lógico para buscar señales intencionadas. No está saturada de ruido natural y tiene un significado físico inequívoco.

15 de agosto de 1977: la detección

A las 22:16 EDT, mientras Big Ear barría la constelación de Sagitario, uno de sus canales registró un incremento abrupto de intensidad. La señal creció, alcanzó un pico y decayó exactamente según el patrón esperado de una fuente fija atravesando el lóbulo del radiotelescopio.

La secuencia impresa —6EQUJ5— representaba una intensidad de señal extremadamente alta, muy por encima del ruido de fondo galáctico. Duró exactamente 72 segundos. No apareció en el segundo lóbulo del telescopio, lo que descarta reflexiones locales o interferencias cercanas.

Momento crítico: la reacción humana

Días después, el astrónomo Jerry R. Ehman revisaba los listados impresos. Al identificar la anomalía, rodeó la secuencia con un bolígrafo rojo y escribió una sola palabra en el margen: “Wow!”. No era una exclamación mediática. Era una reacción técnica ante algo que no encajaba.

“Nunca antes ni después hemos visto algo así.” — Jerry R. Ehman, Universidad Estatal de Ohio

Intentos de explicación: hipótesis descartadas

Las primeras hipótesis apuntaron a interferencia terrestre, satélites, aeronaves o señales militares. Todas fueron descartadas: ninguna operaba en esa frecuencia con ese perfil de señal, y ninguna coincidía con la geometría de recepción del Big Ear.

En 2017 se propuso que la señal provenía de nubes de hidrógeno asociadas a cometas (266P/Christensen y 335P/Gibbs). Observaciones posteriores demostraron que los cometas no producen emisiones de banda estrecha ni intensidades comparables, invalidando la hipótesis.

Dato verificado — Archivo institucional

Registro original de datos conservado por el Departamento de Astronomía de la Universidad Estatal de Ohio. Parámetros confirmados: frecuencia 1420 MHz ±10 kHz, duración 72 s, intensidad pico ~30 veces el fondo galáctico. Ninguna repetición detectada entre 1977 y el cierre de Big Ear en 1998.

Consecuencias científicas

La señal Wow! redefinió los criterios de detección SETI. Introdujo protocolos más estrictos de verificación, redundancia instrumental y seguimiento inmediato. También evidenció una limitación crítica: una sola detección, por perfecta que sea, no constituye prueba científica sin repetición.

Impacto cultural y epistemológico

A diferencia de otros supuestos contactos, la señal Wow! no se convirtió en mito por exageración, sino por contención. Su prestigio proviene de lo que no afirma. Es citada en literatura académica, cursos de astrobiología y debates sobre falsabilidad científica.

Conclusión

La Señal Wow! no demuestra que no estemos solos. Demuestra algo más incómodo: que incluso con instrumentos correctos y criterios rigurosos, el universo puede emitir una sola frase y guardar silencio para siempre. En ciencia, eso no es evidencia. Es un límite.

No fue una prueba de vida extraterrestre. Fue una prueba de humildad científica.

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