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Historias Reales

D.B. Cooper: El único caso de piratería aérea sin resolver

La investigación del FBI sobre el hombre que saltó de un Boeing 727 con 200,000 dólares y desapareció para siempre.

D.B. Cooper y el único secuestro aéreo que venció al Estado

El caso conocido como D.B. Cooper no es solo un crimen sin resolver; es una anomalía histórica dentro de la aviación comercial moderna. El 24 de noviembre de 1971, un hombre logró secuestrar un avión comercial, cobrar un rescate de 200,000 dólares y desaparecer sin dejar rastro físico concluyente. Más de medio siglo después, su identidad sigue siendo desconocida y su destino, una incógnita.

Contexto histórico: Estados Unidos en 1971 y la seguridad aérea

En 1971, la aviación comercial estadounidense operaba bajo estándares de seguridad mínimos comparados con los actuales. No existían detectores de metales obligatorios, los controles de equipaje eran superficiales y los secuestros aéreos —especialmente hacia Cuba— eran relativamente frecuentes. Sin embargo, ninguno había terminado con la desaparición total del secuestrador.

Northwest Orient Airlines operaba el vuelo 305 entre Portland y Seattle como un trayecto corto, rutinario y de bajo riesgo. Ese contexto permitió que un hombre adulto, bien vestido y sin levantar sospechas, comprara un billete de ida pagando en efectivo bajo el nombre de Dan Cooper.

El escenario físico: el Boeing 727 y su escalera trasera

Escalera trasera del Boeing 727 utilizada en el secuestro de D.B. Cooper
El diseño del Boeing 727 incluía una escalerilla ventral trasera operable desde cabina, una característica que permitió a Cooper abandonar la aeronave en pleno vuelo.

El Boeing 727 tenía una característica única: una escalera trasera integrada que podía desplegarse durante el vuelo a baja altitud y velocidad. Esta particularidad, diseñada para operar en aeropuertos pequeños sin infraestructura, fue clave para el plan de Cooper y posteriormente eliminada o bloqueada en modelos posteriores.

El secuestro: desarrollo cronológico del crimen

Tras despegar de Portland, Cooper entregó una nota a la azafata Florence Schaffner indicando que llevaba una bomba en su maletín. Mostró cables y cilindros que reforzaron la amenaza. Exigió exactamente 200,000 dólares en billetes usados de 20 y cuatro paracaídas: dos principales y dos de reserva.

Al aterrizar en Seattle, Cooper intercambió a los 36 pasajeros por el rescate y los paracaídas. Permitió que el avión fuera reabastecido y ordenó despegar nuevamente con rumbo aparente a Ciudad de México, con condiciones de vuelo específicas que revelaban conocimientos técnicos de aviación.

Las condiciones del salto: física y probabilidad de supervivencia

Cooper exigió volar a 10,000 pies de altitud, a unos 150 nudos, con los flaps a 15 grados y la cabina sin presurizar. Estas condiciones reducían la fuerza del viento relativo, pero no eliminaban el peligro extremo del salto nocturno.

El salto ocurrió en plena noche, bajo lluvia intensa y temperaturas cercanas a cero, sobre un terreno montañoso y densamente boscoso del suroeste del estado de Washington. Cooper vestía traje, mocasines y gabardina, ropa totalmente inadecuada para paracaidismo de supervivencia.

El momento crítico: el salto hacia lo desconocido

Mapa aproximado de la zona donde D.B. Cooper saltó del avión en 1971
La zona estimada del salto fue calculada mediante análisis de trayectoria, altitud constante, velocidad y patrones de viento registrados la noche del 24 de noviembre de 1971.

Aproximadamente a las 20:13 horas, la tripulación sintió una fuerte vibración: la escalera trasera había sido desplegada. Minutos después, una oscilación brusca confirmó que Cooper había saltado. Ningún radar detectó su cuerpo ni su paracaídas; los cazas que seguían al avión no tenían visibilidad debido a las condiciones meteorológicas.

La investigación del FBI: Operación NORJAK

El FBI lanzó la Operación NORJAK, una de las investigaciones más largas y complejas de su historia. Se entrevistó a más de 800 sospechosos, se analizaron registros militares, civiles y aeronáuticos, y se estudiaron los números de serie de cada billete del rescate.

FBI sketches, D. B. Cooper
Bocetos del FBI, D. B. Cooper Cortesía de la Oficina Federal de Investigaciones

La única evidencia física directa fue una corbata negra dejada en el asiento del avión. Décadas después, el análisis microscópico reveló partículas de titanio y aleaciones raras, asociadas a industrias aeroespaciales, químicas o metalúrgicas de alta precisión.

El dinero encontrado en Tina Bar

Billetes del rescate de D.B. Cooper encontrados en el río Columbia en 1980
En febrero de 1980, un niño descubrió tres paquetes de billetes deteriorados en Tina Bar, a orillas del río Columbia. Los números de serie coincidían con el dinero entregado a D.B. Cooper en 1971.

En 1980, un niño encontró 5,800 dólares enterrados parcialmente en la orilla del río Columbia, en Tina Bar. Los números de serie coincidían con el rescate. El estado de degradación indicó que los billetes habían llegado allí por acción del agua y sedimentos, no por enterramiento humano deliberado.

Consecuencias para la aviación comercial

El caso Cooper transformó la seguridad aérea mundial. Se instalaron detectores de metales obligatorios, se eliminaron escaleras traseras operables en vuelo y se introdujo el llamado 'Cooper vane', un mecanismo que impide desplegar la escalera trasera del 727 en el aire.

Impacto cultural y mito moderno

D.B. Cooper se convirtió en un símbolo cultural ambiguo: para algunos, un criminal audaz; para otros, una figura casi legendaria que expuso las vulnerabilidades del sistema. Su nombre aparece en libros, documentales, canciones y análisis académicos sobre criminología y probabilidad.

Conclusión: crimen perfecto o muerte anónima

En 2016, tras 45 años, el FBI cerró oficialmente el caso. No por haberlo resuelto, sino por haber agotado toda posibilidad racional de avance. D.B. Cooper representa el límite entre planificación humana y azar absoluto: o ejecutó el único secuestro aéreo perfecto de la historia, o murió en silencio minutos después del salto. La ausencia de evidencia definitiva mantiene vivo el misterio, recordándonos que incluso en la era de la vigilancia total, el anonimato absoluto aún es posible.

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Preguntas Frecuentes del Caso

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